[FOTOS] La Coctelera: un híbrido entre la gastronomía y la coctelería

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[FOTOS] La Coctelera: un híbrido entre la gastronomía y la coctelería

Foto: Felipe Torres / Latin Media House

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¿Barra con menú de comida elaborado y creativo o restaurante con una barra innovadora? La Coctelera es un híbrido entre la gastronomía y la coctelería, ambos mundos compartiendo protagonismo en un ambiente casual y relajado, con toques elegantes. Tan efectivo fue el junte, que le valió el premio de Mejor Restaurante Barra, del Nightclub & Bar Association, en marzo de este año.

Los menús de La Coctelera tientan al que vino a beber a ordenar un plato, tal vez unos sliders de sándwich cubano en pan de batata o uno de sus especiales, como el frutti di mare: fettucine con tinta de calamar, servido con langostinos, pulpo y mero fresco; y al que vino a comer, a experimentar con un cóctel original, como el famoso Tesla, a base de vodka, limoncello, lima y tónica, servido dentro de una bombilla.

Lo más sorprendente es que La Coctelera apenas lleva abierta un año, pero da la impresión de que siempre ha ocupado su espacio en la calle Loíza. Los dueños, Alex Nogueras y Jorge Buch, se conocieron trabajando en otro negocio en esta misma calle.

“Ambos teníamos esa ambición de hacer un proyecto diferente. Veía en (Jorge) que tenía unas cualidades que me interesaban en un socio y como amigo. Hablando de nuestro sueño, decidimos hacerlo realidad”, explica Nogueras.

“Nosotros creíamos en el crecimiento de la calle Loíza. Encontramos el local primero, pero todavía no teníamos el nombre”, recuerda Buch, quien representó a Puerto Rico en la competencia internacional de coctelería World Class 2016.

Fue Nogueras quien llamó a Buch un día emocionado: “¡La Coctelera!”. Así se llamaría su barra.

“Del nombre empezó a surgir todo lo que queríamos hacer. Un concepto que tenga un toque industrial, madera para que se vea vivo, darle un poco de verde, de plantas. Una combinación de todo esto con coctelería, que era el enfoque de nosotros”, relata Buch.

Fueron construyendo el local poco a poco. Diseñaron el menú de cócteles juntos y es el que todavía sirven hoy, aunque esperan ampliarlo próximamente. Lo describen como “clásico creativo”, utilizando como base la coctelería clásica e impartiéndole su propio giro. Esto puede ser en cuanto a la presentación. Por ejemplo, su trago Monkey See Monkey Do, un cóctel a base de ron y licor de guineo con amargos de chocolate azteca y Old Fashioned, se sirve sobre una tabla de madera, acompañado de tiritas de plátano verde. O creando cócteles poco usuales, como el Irish Mob, que utiliza como base una cerveza oscura y la refuerza con dos tipos de wiski y amargos. También tienen cócteles más delicados como el Nolet Garden, hecho con vodka, un licor de hierbas, un aperitif y amargos de limón, servido en una copa coup decorada con una flor.

“No es algo que es extra mega fancy, pero es algo que tiene sus detalles. Nosotros nos expresamos a través de (los cócteles), pero es algo también sencillo y dentro de esa sencillez, está la calidad y la alta coctelería igual”, apunta Buch.

El local anteriormente era un restaurante y además de la amplia barra, también venía con una cocina. Reclutaron a Mario Resende, amigo de Nogueras, para ser el chef. Desde que abrieron en marzo del 2016, el concepto y el menú de comida fue creciendo, respondiendo a lo que su clientela les pedía.

“Ha sido todo un working and learning process, porque queríamos que fuera algo orgánico el crecimiento. Ver hacia dónde nos iba a dirigir. Siempre queríamos cocina, pero pensábamos que iba a ser algo más picadera, street food, sencillo. Y de momento, vemos cómo también el desempeño de los muchachos (en la cocina). Yo tengo background en cocina y mi ambición es hacer cosas buenas, con sabores naturales, locally resource. Nuestra ambición, nuestra exigencia por la coctelería, se transformó y se reflejó en la gastronomía”, expresa Nogueras.

Su menú recorre la gama desde comida de barra con un giro, como croquetas de mac and cheese o la hamburguesa de la casa que viene con cebolla caramelizada, setas y tocineta, servida en pan de mallorca, hasta opciones más elaboradas por la línea de chicken and waffles o chuletas de cordero con almendras acompañadas de ñoquis de calabaza. Tienen especiales diarios que se basan en la pesca local, los vegetales de temporada y cómo se inspire la cocina.

“Se convirtió en más que una barra. Es una experiencia gastronómica completa en todo lo que incluya sabor y servicio. Detrás de todo se sienten los detalles, el amor que uno le tiene a cada cosa y es complementario también el ambiente. Es importante que todo es congruente, que todo vaya junto, que es comida que tiene que ver con el estilo de las bebidas también”, acota Buch.