Réquiem por el maestro chef Alfredo Ayala

Me parece estar llegando a Miramar, a Delirio, para disfrutar de la comida del chef Alfredo Ayala, visionario, que antes de que este sector estuviera de moda, tuvo un espacio ubicado en la avenida Ponce de León, donde presentaba sus creaciones, acompañado de los vinos que el sumiller Franco Busó recomendaba.

Mis recuerdos del maestro de la cocina contemporánea puertorriqueña brotan a medida de que me entero de su partida. Su estado de salud se había quebrantado durante los últimos tiempos, pero tuvo la gracia de inspirar a muchos nuevos chefs locales y, me atrevo a decir sin lugar a dudas, que internacionales,  como su amigo el chef Éric Ripert, propietario de Le Bernardin.

Traté de hacer un recuento de parte de su trayectoria, y vinieron a la mente los nombres de restaurantes que estableció para marcar eras dentro de nuestra cocina como  Chayote, Su Casa  y Delirio, entre otros.  

Su trabajo en el Hotel Copamarina de Guánica se convirtió en su refugio, lejos del ajetreo de la zona metro, y durante los últimos años, se dedicó al trabajo entre fogones que tanto le apasionaba, a manera de consultor.

Aunque se formó como ingeniero industrial en el entonces Colegio de Mayagüez de la UPR, fue en la ciencia culinaria donde se destacó por años.

Recibió en vida,  los honores de haber marcado nuestra historia gastronómica, pero es ahora ante su partida, que se recobra la conciencia de un hombre, de genio y figura, que conquistó los paladares y estableció nuevos retos para la cocina puertorriqueña. Gracias Alfredo por tu legado.